GUARDERIA ABC, A 68 MESES DE LUTO Y LUCHA: IMPUNIDAD Y BURLA

Informativo 5 de Junio digital, Febrero 2014

Guardianes del Infierno

Por: Denise Dresser

Allí está, nuestro Cerberus mexicano. Esa figura de la mitología griega, ese perro de tres cabezas parado en la puerta del infierno.

El guardián del Hades encarnado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuya mayoría asegura que no habrá escapatoria jamás, jamás. Al hablar y votar como lo acaban de hacer siete ministros en el caso de la Guardería ABC aseguran que no será posible salir del país donde todo pasa y no pasa nada. Donde no hay “responsables” sino tan sólo “involucrados” y de rango menor. Donde importa más apaciguar el enojo del presidente Calderón con el histórico dictámen del Ministro Arturo Zaldívar, que el reconocimiento de las verdades incómodas que revela. Donde los “involucrados” de alto nivel alegan que no se les concedió audiencia cuando tuvieron acceso privilegiado a los Ministros, y pudieron hacer un cabildeo personal tan exitoso que los exoneró.

Nuestro Cerberus nacional, un vigilante leal de las compuertas que impiden a los mexicanos el éxodo del inframundo. Un lugar en el cual la población se ha acostumbrado a la impunidad y no tiene más recurso que la indignación personal. Un lugar en el cual se obliga a los padres de 49 niños muertos a rogar por la intervención del Máximo Tribunal dado que los Ministerios Púbicos no investigan crímenes, las Procuradurías no procuran justicia, los funcionarios no renuncian, las instituciones no cumplen. Y llegan allí, el pecho cubierto con las fotografías de los hijos que depositaron al cuidado del IMSS —cuyo escudo es un águila que protege a una madre que tiene en brazos a un hijo— y nunca más volvieron a abrazar. A acariciar. A mecer entre sus brazos como todavía lo pueden hacer Juan Molinar, Daniel Karam y Eduardo Bours con los suyos.

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La hora de la impunidad

Por: Miguel Carbonell

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de la profunda crisis por la que está pasando el Estado mexicano. Miles de muertos caen cada año sobre nuestras calles, como resultado de enfrentamientos entre bandas que el Estado no puede controlar, o como resultado de una “limpieza selectiva” que pudieran estar realizando algunas corporaciones policiacas. Muchas de esas muertes casi nunca son investigadas. Las averiguaciones previas correspondientes simplemente son archivadas. Nada pasa. Los familiares de los muertos con frecuencia ni siquiera reclaman los cadáveres, que se terminan apilando en fosas comunes.

En ese contexto, los ciudadanos prácticamente ya no tienen la más mínima esperanza en que alguna autoridad pueda aplicar algo parecido a la justicia. La impunidad se termina imponiendo siempre y la credibilidad ciudadana en el aparato estatal es nula.

Pues bien, la Suprema Corte tuvo en sus manos una oportunidad de oro para restaurar mínimamente la confianza en la justicia y en el Estado mexicano por completo, al ejercer la facultad de investigación del artículo 97 constitucional en el caso de la guardería ABC.

La Corte había aceptado intervenir en el caso. Había nombrado una comisión de dos magistrados para integrar el expediente de investigación. Le había asignado la confección de un proyecto de dictamen el ministro Arturo Zaldívar. Las tareas correspondientes costaron al erario varios millones de pesos (alrededor de siete). Esta semana pudimos presenciar el lamentable desenlace.

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La resistencia

Por: Sergio Aguayo Quezada

En lugar de quejarse e irritarse es preferible involucrarse. El enunciado conduce a la resistencia ciudadana, tema de una serie intermitente que hoy inició con las lecciones dejadas por la tragedia de la Guardería ABC. Nos fue mal, muy mal con la alternancia. Cometimos un gravísimo error al creer que con la alternancia y el federalismo tendríamos gobiernos comprometidos con el bien común. Salvo excepciones muy contadas, los partidos políticos, los gobernadores, los monopolios y oligopolios, los grandes sindicatos y el crimen organizado se arrebatan a mordiscos el poder que alguna vez tuvo el Estado autoritario, presidencialista y centralista.

La ciudadanía tiene ganancias magras. Una cierta libertad para organizarse y expresarse, un relativo acceso a la información y, de cuando en cuando, algo de justicia por medio de una legalidad cara, lenta e impredecible. Cuando defiende causas justas la sociedad también cuenta con el respaldo de un número indeterminado de políticos y funcionarios sensibles. Es poco e insuficiente pero no hay más. Dependemos de nosotros mismos.

El desequilibrio es tan grande que florece el tradicional fatalismo y pasividad de las mayorías. Si hubiera un Mundial de la Paciencia, nos sacaríamos fácilmente el primer lugar. Así pues, la refundación de la democracia recae en las minorías inquietas que no se resignan a una democracia fallida. Algunos depositan su esperanza en el asalto al poder en alguna elección futura. Sin desdeñar el poder regenerador de la urna, escribo esta columna pensando en quienes luchan de manera cotidiana.

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Decencia extraviada

Por: Denise Dresser

Es un momento electrizante, es una frase involvidable. Durante la terrible cruzada anticomunista del senador Joseph McCarthy en Estados Unidos, alguien osa confrontarlo con la siguiente pregunta: “No tiene usted ningún sentido de la decencia, señor?”. Y esa es la misma pregunta que debería hacérsele hoy a Juan Molinar, a Eduardo Bours, a Daniel Karam, a todos los involucrados en la tragedia de la Guardería ABC que siguen aferrados a sus puestos.

Que intentan desacreditar el informe del Ministro Zaldívar donde son inculpados. Que presionan a la Suprema Corte en busca de una exoneración.

Que demandan la cerrazón de filas por parte de su partido y de otro gobierno de la transción democrática que se comporta como si no lo fuera. Dispuestos a perpetuar la impunidad a cambio de asegurar la longevidad.

Dispuestos a aceptar el descrédito de las instituciones con tal de seguir al frente de ellas. Evidenciando así que dejaron atrás la decencia en el momento de cruzar por el umbral del poder.

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México ya está harto

Por: Guadalupe Loaeza

“México ya está harto”, me dijo telefónicamente José Abraham Fraijo. A pesar de que se encontraba en la playa (a lo lejos se oían las olas), su voz se escuchaba profundamente triste, especialmente cuando me hablaba de Emilia. Ella era su única hija y tenía tres años cuando murió en la guardería ABC. Abraham es fotógrafo, tiene 29 años, es soltero y vive en Hermosillo, Sonora. Cuando le pregunté a Abraham cómo se llamaba su hija, con mucha firmeza, me contestó: Se llama Emilia, porque ella está aquí. Siempre lo estará, por eso cuando hablo de mi hija, lo hago en presente. Emilia Fraijo Navarro nació el 23 de marzo del 2006 a las 11:14 a.m. A mí me la presentaron una hora después de haber nacido. Cuando me la entregaron, por la emoción, sentí que el mundo se me venía encima. La vi muy bonita. Me gustó mucho ver a Emilia y a su mamá juntas. Nació igualita a su madre, en todo se parece a ella. Lo más impresionante fue que Emilia nació con los ojos abiertos. Nació viendo el mundo, como desesperada por conocerlo. Al otro día de nacida ya estábamos en casa. Me acuerdo que esa noche no dormimos, por estar pendientes de ella. Estuvimos contemplándola y platicándole, diciendo lo hermoso que era tenerla. Toda la noche la abrazamos y la besamos. Emilia, siempre fue una niña muy esperada en toda la familia. La deseamos demasiado. Estábamos desesperados por que llegara. Empezó a crecer inteligente como ella sola. Es muy receptiva respecto a los sentimientos de los demás. De inmediato se percata cómo se siente uno. Sabe cuándo uno está triste o alegre. Si estás triste, siempre sabe qué hacer para hacerte sentir mejor. O te da un abrazo o un beso. Desde que nació Emilia, siempre ha sido el centro de atención en toda la familia. A ella le encanta la música, le encanta que le leamos cuentos y le encanta bailar. Le encanta la playa y el agua. Le encanta el spaghetti que su mamá le preparaba. Pues tuvimos la suerte de tenerla tres años, dos meses y 14 días con nosotros. Emilia falleció en la guardería el día del incendio. Fue una noticia devastadora para toda la familia. No lo podíamos creer. Su mamá y yo estamos separados, por eso un par de días antes Emilia estaba conmigo en mi casa. Yo no quería que se fuera, le dije que se quedara. Y al verme tan triste, me tomó con sus dos manitas el rostro y me dijo: ‘No estés triste, papá, mañana en la tarde vengo por ti’. Eso fue lo último que me dijo Emilia. El viernes 5 de junio a las tres de la tarde, me habló Lupita, su mamá, al celular; lo único que me podía decir era que había habido una explosión en la guardería y que no encontraban a Emilia. Salí corriendo del baño. Me fui al hospital más cercano. Es que Lupita me dijo que todos los papás estaban en el hospital Cima. A partir de allí, empezamos a buscar a Emilia en todos los hospitales. Finalmente la encontramos en el hospital general del Estado. Eran casi las ocho de la noche. Para entonces, ya había fallecido”.

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A un año

Por: René Arce

Estamos a escasos días de que se cumpla el primer aniversario de la tragedia de la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, que costó la vida de 49 niños, dejó a otros 24 menores con lesiones de por vida y a decenas de niños más expuestos a potenciales daños colaterales; desafortunadamente, todavía no hay conclusiones de los peritajes, por lo tanto no hay responsables ni detenidos. El dolor y la indignación de los padres y la sociedad crecen ante esta muestra de impunidad por parte de las autoridades locales y federales.

El 5 de junio será un día de luto por el recuerdo de la devastadora tragedia, pero también porque hasta la fecha no se sabe quién o quiénes fueron los responsables de la misma. Cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación tomó el caso se tuvo un respiro y la confianza de que la situación podría caminar por los senderos de la justicia; sin embargo, a un año, no hay responsables.

En marzo pasado se dio a conocer el informe que realizaron dos magistrados de la SCJN sobre la Guardería ABC y hubo confianza en que el caso avanzara, porque las conclusiones iniciales de los ministros mostraban las deficiencias e irregularidades de una parte del mundo institucional de la seguridad social.

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Un año del incendio en la guardería ABC

Por: Andrea Bárcena

Hay mexicanos que sentimos mucha vergüenza y dolor al saber todo lo que se puede hacer contra los niños, impunemente, en nuestro país.

Al cumplirse un año, el próximo 5 de junio, del incendio criminal en la guardería ABC de Hermosillo, es necesario nombrar a los responsables de la tragedia que mató a 49 niños y dejó a unos 100 con daños irreversibles.

Propietarios asociados: Marcia Gómez del Campo (familiar de la esposa de Felipe Calderón) y su esposo Antonio Salido, ex subsecretario de Finanzas del gobierno de Sonora; Sandra Téllez y su esposo Alfonso Escalante Hoefer, ex subsecretario de Ganadería del estado de Sonora. Cuatro mexicanos jóvenes, profesionales, con una buena posición económica, que aprovecharon las facilidades del gobierno, a través del IMSS, para lucrar con las madres trabajadoras y los derechos de sus hijos a ser atendidos en una guardería.

Los propietarios de la ABC aparecen en fotos de Internet (con esa sonrisa típica de las buenas conciencias de la derecha); son padres orgullosos de hermosos niños rozagantes que aparecen en sus brazos, de modo que conocían de necesidades y vulnerabilidad de los infantes. Por eso, aunque los supervisores hayan incumplido su deber, es imperdonable que los propietarios no hayan tenido el humanismo de asegurar el bienestar de los pequeños albergados en su infame negocio, carente de salidas de emergencia y de personal capacitado, entre muchas otras fallas.

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El último beso

Por: Sabina Yolanda de la Luz Velasco Urzúa

No había encontrado ni palabras, música, poesía nada para imaginar cómo fue. Sólo hasta anoche escuchando una voz joven y límpida, percibí un breve reflejo de lo que significa el último beso que dieron los niños a sus padres en la Guardería ABC en Hermosillo Sonora el 5 de junio de 2009. Un recuerdo que sin duda ha quedado imborrable en su corazón de esa mañana en que dejaron confiados a sus hijos al sistema institucional de guarderías.

Casi veo esas caritas cuyas fotos ahora circulan en la red recibiendo y dando un beso de “hasta luego”. Segura estoy que las madres nunca imaginaron que ese día estaban dándoles a sus críos el último beso al momento de depositarlos al amparo y protección de la institución.No es fácil imaginar un hecho cruento porque sólo fui testigo muda, lejana, tardía, de la tragedia que informaron los medios masivos de comunicación ese viernes fatídico, ese viernes de fuego. Si siendo sólo espectador y estando a miles de kilómetros del hecho constato en otr@s y en mí que duele pensar en la pérdida de tan gran potencial humano destruido por el descuido, irresponsabilidad, negligencia burocrácica típica del sistema mexicano, por la falta de cuidado, el inoperante acatamiento de las normas técnicas, la ausencia de supervisión y la cero exigencia, todas fallas imputables al sistema por las que resultaron estas muertes y que dejaron en los sobrevivientes quemaduras y cicatrices del cuerpo y biopsicosociales en la comunidad.

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